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«El rigor crítico y la tradición viva son inseparables». Jorge Bartolomé Herrero (Guenyen Tenzing Namgyal) y la filosofía budista tibetana en español.

El estudio académico de la filosofía budista tibetana en lengua española sigue siendo un territorio escasamente transitado. Frente a la abundancia de literatura divulgativa —no siempre libre de sesgos orientalistas— son aún pocas las voces hispanohablantes que se adentran, con rigor crítico y desde el contacto directo con la tradición viva, en la complejidad filosófica del pensamiento indo-tibetano.

Fotografía cortesía de Jorge Bartolomé Herrero.

Jorge Bartolomé Herrero (Guenyen Tenzing Namgyal) es una de esas voces. Graduado en Filosofía y máster en Ciencias de las Religiones, completa actualmente su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, con estancias de investigación en la Universidad de Oxford. Su trabajo se centra en los debates tibetanos sobre la interpretación del madhyamaka. En paralelo, ha cursado estudios tradicionales en el Monasterio-Universidad Chu Sup Tsang (Ourense) y en el Nalanda Masters Program de Tibet House (Nueva Delhi), donde profundiza en los Cinco Grandes Temas del currículo de gueshe. Su práctica se nutre de las tradiciones gelug y sakya, inspirada por el espíritu rimé, y completa su formación con un entrenamiento monástico en el templo Woljeongsa (Corea del Sur) a través del programa Woodenfish.

En esta conversación con Buddhistdoor en Español, Bartolomé reflexiona sobre su itinerario intelectual, los retos de estudiar filosofía tibetana desde España, la articulación entre estudio académico y práctica, y los caminos que se abren hoy para quienes deseen iniciarse en este campo.

1) ¿De dónde surgió tu interés por la filosofía budista tibetana?

Fue un desarrollo largo, un acercamiento gradual guiado fundamentalmente por la pregunta de cómo se piensa fuera de las fronteras de Occidente.

Mientras cursaba la carrera de Filosofía, comencé de forma independiente a estudiar el sintoísmo, ya que lo que primero me atrajo fue Japón, gracias en buena medida al manga y al anime. De ahí pasé al taoísmo y al confucianismo, después al hinduismo y, finalmente, tras atravesar varios ismos, entré en el estudio del budismo. Me acerqué inicialmente al theravāda y al budismo chan, y el último puerto al que llegué fue el budismo tibetano, y lo hice gracias al budismo indio.

Cuando conocí las raíces indias del mahāyāna y entré después en el budismo tibetano, descubrí todo un mundo de complejidad filosófica, profundidad y sistematicidad. Me encontré con una tradición que, si bien posee elementos rituales y propiamente religiosos, contiene una filosofía muy sistemática que continúa, a su manera, el legado indio que tanto me había interesado. De ahí surgió, ante todo, el interés por conocer bien ese legado indio. Por eso, durante los primeros años, me dediqué al estudio de los autores indios.

2) ¿Cómo conseguiste estudiar filosofía tibetana desde España?

No resultó fácil. Debido a que percibí el carácter orientalista y sus sesgos, muy abundantes en la literatura española divulgativa, desde muy pronto tuve claro que necesitaba un acercamiento metodológicamente riguroso y que la bibliografía pertinente estaba principalmente en inglés.

Empecé, como he dicho, por los autores indios y después por los comentaristas tibetanos, a través de textos y traducciones. En muchas ocasiones, sin apenas ayuda, aprendí a manejarme con los comentarios tibetanos sin recibir casi explicaciones, dejando los huecos de mi desconocimiento a la vista y rellenándolos después, con el tiempo. Desde el principio, sin embargo, el trabajo consistió en triangular la información desde una perspectiva crítica, consciente de que la posibilidad de malentendidos y sesgos podía introducirse entre el texto y yo en cualquier momento. Ese modo de proceder, fraguado en la necesidad, me ha dejado con los años una doble destreza poco habitual: poder abordar con comodidad los textos tibetanos tanto desde la hermenéutica crítica como desde la exégesis tradicional, sin depender constantemente de fuentes ajenas.

Fotografía cortesía de Jorge Bartolomé Herrero.

Jorge Bartolomé Herrero (Guenyen Tenzing Namgyal) es una de esas voces. Graduado en Filosofía y máster en Ciencias de las Religiones, completa actualmente su doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, con estancias de investigación en la Universidad de Oxford. Su trabajo se centra en los debates tibetanos sobre la interpretación del madhyamaka. En paralelo, ha cursado estudios tradicionales en el Monasterio-Universidad Chu Sup Tsang (Ourense) y en el Nalanda Masters Program de Tibet House (Nueva Delhi), donde profundiza en los Cinco Grandes Temas del currículo de gueshe. Su práctica se nutre de las tradiciones gelug y sakya, inspirada por el espíritu rimé, y completa su formación con un entrenamiento monástico en el templo Woljeongsa (Corea del Sur) a través del programa Woodenfish.

En esta conversación con Buddhistdoor en Español, Bartolomé reflexiona sobre su itinerario intelectual, los retos de estudiar filosofía tibetana desde España, la articulación entre estudio académico y práctica, y los caminos que se abren hoy para quienes deseen iniciarse en este campo.

1) ¿De dónde surgió tu interés por la filosofía budista tibetana?

Fue un desarrollo largo, un acercamiento gradual guiado fundamentalmente por la pregunta de cómo se piensa fuera de las fronteras de Occidente.

Mientras cursaba la carrera de Filosofía, comencé de forma independiente a estudiar el sintoísmo, ya que lo que primero me atrajo fue Japón, gracias en buena medida al manga y al anime. De ahí pasé al taoísmo y al confucianismo, después al hinduismo y, finalmente, tras atravesar varios ismos, entré en el estudio del budismo. Me acerqué inicialmente al theravāda y al budismo chan, y el último puerto al que llegué fue el budismo tibetano, y lo hice gracias al budismo indio.

Cuando conocí las raíces indias del mahāyāna y entré después en el budismo tibetano, descubrí todo un mundo de complejidad filosófica, profundidad y sistematicidad. Me encontré con una tradición que, si bien posee elementos rituales y propiamente religiosos, contiene una filosofía muy sistemática que continúa, a su manera, el legado indio que tanto me había interesado. De ahí surgió, ante todo, el interés por conocer bien ese legado indio. Por eso, durante los primeros años, me dediqué al estudio de los autores indios.

2) ¿Cómo conseguiste estudiar filosofía tibetana desde España?

No resultó fácil. Debido a que percibí el carácter orientalista y sus sesgos, muy abundantes en la literatura española divulgativa, desde muy pronto tuve claro que necesitaba un acercamiento metodológicamente riguroso y que la bibliografía pertinente estaba principalmente en inglés.

Empecé, como he dicho, por los autores indios y después por los comentaristas tibetanos, a través de textos y traducciones. En muchas ocasiones, sin apenas ayuda, aprendí a manejarme con los comentarios tibetanos sin recibir casi explicaciones, dejando los huecos de mi desconocimiento a la vista y rellenándolos después, con el tiempo. Desde el principio, sin embargo, el trabajo consistió en triangular la información desde una perspectiva crítica, consciente de que la posibilidad de malentendidos y sesgos podía introducirse entre el texto y yo en cualquier momento. Ese modo de proceder, fraguado en la necesidad, me ha dejado con los años una doble destreza poco habitual: poder abordar con comodidad los textos tibetanos tanto desde la hermenéutica crítica como desde la exégesis tradicional, sin depender constantemente de fuentes ajenas.

Fotografía cortesía de Jorge Bartolomé Herrero.

6) ¿Cómo ves los estudios del budismo tibetano en España y en el mundo hispano?

Los estudios sobre el budismo tibetano en España son, lamentablemente, escasos; casi podría decirse que inexistentes. A ello se suma, desde mi perspectiva, un sesgo orientalista persistente en buena parte de la literatura divulgativa, todavía predominante en el acercamiento español a las tradiciones asiáticas, y que se agudiza en el caso del budismo tibetano.

En España y en el mundo hispano en general, el estudio académico del budismo tibetano ha tenido un recorrido muy limitado, con notable falta de materiales y, desde mi perspectiva, un rigor desigual en parte de la literatura disponible. En los estudios budistas en España ha abundado una indología que no ha considerado la tradición tibetana, sus interpretaciones y, en definitiva, esa continuidad post-india existente en el ámbito tibetano, algo que sí ha sucedido en el ámbito anglosajón.

En la esfera de los practicantes, la situación cambia algo. Hay un número apreciable de centros budistas, en algunos de los cuales se llevan a cabo programas completos de estudio. Pero falta la capacidad de hacer estudios budistas tibetanos desde el ámbito universitario, con aparato y metodología críticos.

7) ¿Cuáles son tus planes de futuro después del doctorado?

Mi intención es continuar en la universidad, aunque la incertidumbre se mantiene como una espada de Damocles.

Tras el doctorado, pretendo continuar un tiempo más mis estudios en Oxford para trabajar en algunos materiales que quiero publicar y perfilar mejoras en mi manejo de las lenguas, para posteriormente buscar alguna beca posdoctoral que me permita sostenerme mientras colaboro en la producción de materiales sobre budismo indo-tibetano, principalmente en español y también en inglés.

A la larga, querría proseguir con mi producción científica, por un lado, en el ámbito internacional y, por otro, contribuir poco a poco también al ámbito español.

Junto a la actividad académica más estricta, busco continuar y ampliar una segunda línea de trabajo a la que vengo dedicándome desde hace tiempo, la divulgación rigurosa en castellano. Actualmente algunos de estos trabajos están disponibles en internet [https://youtu.be/OzxfAHQzsgQ?si=FZAFiWpos6eZZDnK].

8) Por último, ¿qué tres libros recomendarías, en español, para quienes deseen iniciarse en el estudio de la filosofía budista tibetana?

Conviene advertir, antes de nada, que los textos tibetanos originales rara vez se traducen al español desde el tibetano, y que los textos académicos, científicos o ensayísticos sobre pensamiento tibetano en lengua española suelen proceder, a su vez, de traducciones. Hechas estas advertencias, mis tres recomendaciones serían:

En primer lugar, Meditación en la vacuidad, de Jeffrey Hopkins, publicada por Luciérnaga. Se trata de un clásico de los estudios contemporáneos en filosofía madhyamaka y de una obra de referencia internacional para los estudios de filosofía budista indo-tibetana.

En segundo lugar, la colección Ciencia y filosofía en los clásicos budistas indios, publicada por Kairós y traducida del inglés por un grupo de practicantes con buen conocimiento de los temas.

Por último, el Diccionario Akal del budismo de Philippe Cornu. Es, probablemente, una de las obras para consulta más completas disponibles en español.

He de admitir que en estas tres recomendaciones me resulta difícil presentar la pluralidad de las escuelas tibetanas. Las dos primeras se centran en la escuela gelug, de la que disponemos de mayor cantidad de literatura: las filosofías del resto de escuelas están casi completamente ausentes en lengua española.

9) Para cerrar, ¿qué le dirías a alguien que, como tú, hace casi dos décadas, está empezando ahora a interesarse por la filosofía budista tibetana desde el ámbito hispano?

Le diría, ante todo, que no se desanime. Le diría también que combine, desde el principio, dos cosas que para mí han sido inseparables: el rigor metodológico crítico y la conexión con la tradición viva, que es la única que da carne a los textos y los rescata de la mera arqueología. Le recomendaría no esperar a tenerlo «todo listo» antes de entrar en las fuentes e investigar, porque en este campo todo se aprende haciendo, incluyendo la lengua tibetana. Y le diría, por último, que no se cierre al diálogo: que escriba, que pregunte, que busque interlocutores dentro y fuera de España.