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Aloysius Pieris S.J. (1934–2026): una vida entregada al cristianismo, al budismo y al diálogo

El 22 de marzo de 2026 falleció en Tulana, Gonawala-Kelaniya, el padre Aloysius Pieris S.J., a los 92 años. Con su muerte desaparece una de las grandes voces de la teología asiática de la liberación, una figura mayor de la teología del siglo XX y una referencia indispensable en el diálogo entre cristianos y budistas, tanto en Sri Lanka como en el resto del mundo.

Aloysius Pieris S.J. (1934–2026)

Nacido el 9 de abril de 1934 en Ampitiya, Sri Lanka, el padre Pieris fue jesuita, teólogo y profundo conocedor del budismo. Vivió su fe cristiana desde la realidad concreta de Asia, convencido de que la reflexión teológica debía tomarse en serio tanto la riqueza espiritual y religiosa del continente como sus múltiples formas de sufrimiento, pobreza y exclusión. Esa manera de situar la teología en la vida y en el sufrimiento real de Asia constituye uno de sus principales legados y dio lugar a una de las obras teológicas más singulares de su tiempo.

En 1974 fundó el Centro de Investigación Tulana para el Encuentro y el Diálogo. Con el tiempo, Tulana se convirtió en un lugar de referencia para el estudio del budismo, la reflexión teológica cristiana y el diálogo interreligioso. Pero fue siempre algo más que un centro académico: un espacio de estudio, hospitalidad y conversación, donde la tarea intelectual iba unida al compromiso social. Visitar al padre Pieris en Tulana era asomarse a ese mundo. No era raro encontrar allí a monjes theravāda y a religiosos cristianos que llegaban en busca de inspiración y consejo y eran recibidos con atención, sencillez y amistad.

Centro de Investigación Tulana para el Encuentro y el Diálogo. Fotografía cortesía del autor.

Una de las notas más singulares de su obra fue su profundo conocimiento del budismo theravāda y de la lengua pali. Gracias a ello, pudo entrar en diálogo con la tradición budista con una profundidad poco común, evitando comparaciones superficiales y analogías apresuradas. En un campo donde abundan las aproximaciones fáciles, insistía en la importancia de leer con gran cuidado, distinguir con precisión y respetar la coherencia interna de cada tradición.

Su libro An Asian Theology of Liberation fue decisivo en su trayectoria y sigue siendo una referencia para la teología cristiana en Asia. En él quiso pensar juntas dos realidades que marcaron profundamente su vida y su reflexión: la riqueza espiritual de las religiones asiáticas y la pobreza de millones de personas en el continente. Esa atención a la vez a la experiencia religiosa y al sufrimiento de los pobres a lo largo del siglo XX recorre buena parte de su obra y explica también el lugar singular que ocupa en la teología contemporánea.

Tuve el privilegio de contar con el padre Pieris como supervisor externo de mi tesis doctoral durante cuatro años. Aquel trabajo, dedicado a un estudio comparativo entre El castillo interior de santa Teresa de Ávila y el Visuddhimagga de Buddhaghosa, le debe mucho a su guía y a su generosidad. De él aprendí, sobre todo, una disciplina de estudio. No alentaba semejanzas fáciles entre tradiciones distintas ni convertía el diálogo en algo meramente edificante. Insistía en leer con atención, precisar los términos y no perder nunca de vista la lógica propia de cada texto y la coherencia interna de cada mundo religioso.

Pude visitarlo en numerosas ocasiones en Tulana, Sri Lanka, convivir con él por temporadas y tratarlo de cerca. Allí se le comprendía mejor: entre libros, visitas y largas conversaciones. Recibía sin prisa y sin afectación. Había en él sobriedad, atención y una manera muy amable de hacer fácil la conversación. Quienes lo conocieron de cerca recordarán también esa combinación poco frecuente de rigor intelectual y sencillez personal.

Junto a su labor teológica, mantuvo además un compromiso concreto con la educación y el servicio. En 1982 cofundó, junto con la Hna. Greta Nalawatta PH, el Centro de Educación para Niños con Discapacidad Auditiva (CEHIC). Esa tarea no fue algo secundario dentro de su vida, sino una expresión clara de algo que sostuvo siempre: la reflexión religiosa pierde credibilidad cuando se separa del cuidado efectivo de las personas.

Obra de arte en Tulana. Fotografía cortesía del autor.

A lo largo de su trayectoria recibió diversos reconocimientos, entre ellos un doctorado honoris causa de la Universidad de Kelaniya. Pero su importancia no reside solo en sus libros ni en sus distinciones académicas. Se manifiesta en una coherencia poco común entre pensamiento y vida, entre estudio y servicio, entre apertura intelectual y disciplina espiritual.

Tras los funerales celebrados en Kelaniya, sus restos fueron sepultados en Tulana, el lugar que fundó y al que dedicó tantos años de su vida. Hay algo profundamente significativo en que haya quedado allí. Para quienes trabajan en el ámbito de la religión comparada, su obra seguirá siendo una referencia indispensable. Para quienes lo conocimos, queda además el recuerdo de una inteligencia aguda y rigurosa, una vida sobria y una forma especialmente honesta de tomarse en serio tanto la propia tradición como la del otro.

Descanse en paz.

Obra de arte del P. Pieris en Tulana. Fotografía cortesía del autor.

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Daniel Millet Gil es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Barcelona y máster y doctor en Estudios Budistas por la Universidad de Hong Kong, donde recibió el Premio Tung Lin Kok Yuen a la excelencia en estudios budistas (2018-2019). Es editor y colaborador habitual de Buddhistdoor en Español, fundador y presidente de la Fundación Dharma-Gaia y codirector del programa de Estudios Budistas de la Fundació Universitat Rovira i Virgili. Dirige además las editoriales Dharma-Gaia y Unalome, especializadas en publicaciones budistas, y es vicepresidente de la Red Iberoamericana de Estudio del Budismo (RIEB).